Mi suelas se negaban a despegarse del verdor de mis inmundicias sobre la duela, ésa fue la señal: el día iniciaba. Un estupor me llenó junto con los dolores habituales, la agudeza también era la común, todo era igual… yo no. Supe esta tarde que faltar al trabajo traía consecuencias, supe en tu cama que te hartan mis olores, supe en mis hombros que ya no soy el de antes. Quise decir, “nunca más” como todos, pero no, seguiré fiel a mi costumbre, aún sabiendo que la resaca será mi temor de cada noche.
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